“Mientras tú duermes, otros siguen avanzando” es la frase que J trajo a consulta con su miedo a no ser nunca suficientemente.

A veces, bajo las demandas externas nos vemos andando en piloto automático, produciendo y haciéndoselo ver al resto, no vayan a pensar que en algún momento paramos.

Muchas veces en nuestro tiempo de ocio nos aparece la regla interna de: “No pierdas el tiempo y se productivo», «ve un documental con el que aprendas, lee algo que te sea útil, ve andando a los sitios para aprovechar el trayecto haciendo deporte, mientras oyes por Spotify un podcast de éxito y liderazgo».

Todo esto está muy bien, pero ¿y el disfrutar por disfrutar? Al menos un ratito al día. Quizá disfrutes aprendiendo, pero ¿te torturas cuando haces algo y tienes la sensación de no ser suficientemente productivo?

Te diré que no ser productivo las 24 horas del día no es tan espantoso. Y que, incluso, trae grandes beneficios.

¿Sabías que el mayor potenciador de la creatividad es el aburrimiento?

Cuando te aburres, creas, te estimulas y buscas dentro de ti. Por el contrario, el bombardeo incesante de estimulación nos dificulta esta creación pues ya estamos suficientemente estimulados como para tener que mirarnos por dentro. En resumen, el aburrimiento da paso a la creatividad.

Y no solo lo digo yo, los genios productivos y exitosos como el gran Einstein o Steve Jobs, defendían la necesidad de dedicar tiempo a frenar, a no hacer nada, para continuar creando.

Así que te diré que disfrutar con las cosas que nos proporcionan bienestar, no son regalos o premios por un trabajo bien hecho, te diré que son derechos. El derecho a cuidarte y disfrutarte, por el mero hecho de hacerlo. Por el mero hecho de existir y de ser tu prioridad. Porque sí, ser tu prioridad y disfrutar no es ser egoísta o improductivo, es cultivar áreas de tu vida que a veces quedan relegadas al último de los puntos de una lista de quehaceres infinita.

Después de esto y después de que te hayas permitido disfrutar sin la previa de un largo y duro día de trabajo, te propongo que te permitas unos minutitos al día sin hacer otra cosa que nada. Sí, al inicio puede que sea espantoso, aterrador ¡No estoy haciendo nada! ¡No puedo permitírmelo! Aguanta un poquito, ten paciencia y exponte un ratito a esa sensación de malestar. Prometo que no ocurrirá ninguna tragedia. Observa lo que ocurre cuando paras.

Ahora que te has permitido parar, ahora que has comprobado que no ocurre nada malo y que crear va unido al aburrimiento, vamos a dar un pasito más.

Vamos a conectar con algunas de las áreas de tu vida: la familia, el ocio, la salud, los amigos, el autocuidado… No amigo, no meteré aquí el trabajo, hoy no me interesa darle más peso del que tiene en tu vida. Apartémosle por un momento.

Piensa en cómo estás en cada una de esas áreas. ¿Satisfecho? ¿Podrías estarlo más? ¿Qué podrías hacer por avanzar en tu autocuidado? ¿Por qué has dejado de hacer aquello que te gusta? Si te gusta leer, ¿cómo es que llevas meses sin tocar un libro? Seguro que decenas de cosas que te gustan han quedado olvidadas, cogiendo polvo. Ahí están esperando a que las recuperes para darte una mini dosis de placer. Así que vamos, ponte manos a la obra.

Conecta con las actividades o actos que nos pueden llevar a estar mejor en familia, con los amigos, la pareja, contigo misma. ¿Dedicamos el mismo esfuerzo a nuestra red de apoyo que a la productividad incesante? Quizá no sea menos importante. Quizá necesitemos parar para reconectar con lo que de verdad da sentido a tu vida.

Pues ¿acaso el éxito es solo laboral? Después de haber tomado conciencia con tu vida, para ti ¿Qué es el éxito? 

Para irme despidiendo te diré que parar es de valientes. Permitir que el aburrimiento nos alcance, es de valientes.

Conectar con lo que a cada uno le llena y da sentido a su vida, es de valientes.

Y como valiente que eres, confío en ti. PÁRATE, CREA Y CONECTA CONTIGO MISMO.

A veces no hacer NADA puede ser un buen plan.