¿Nunca os ha pasado que tenéis que hacer algo pero lo dejáis pasar y no sabéis por qué?

La razón por la que no lo hacemos, no es la pereza ni tampoco que no lo consideremos importante. Lo cierto es que a pesar de saber que tenemos que hacerlo no nos ponemos a ello, incluso teniendo tan presente el mensaje persecutorio que mi mente me manda continuamente (el famoso “tienes que”) impidiendo que pueda olvidarme.

Entonces, si lo tengo tan presente y sin embargo no lo hago; ¿qué me pasa?

¿No soy capaz de hacerlo realmente o hay otra razón detrás?.

Démosle la bienvenida a la procrastinación, encargada de posponer intencionadamente tareas importantes para mi a pesar de poder llevarlas a cabo.

No es un tema de pereza, tampoco de mala organización, sino que se trata de procrastinación.

 Y ¿por qué procrastino?

Me creo que el no ponerme ahora con esa tarea me alivia y en cierto modo sí, pero únicamente lo evito a corto plazo.

En realidad ese alivio es tan corto que cada vez me agobio más por tener que ponerme y tengo menos tiempo. Además cada vez que procrastino creo que el enfrentarme a esa tarea es peor ya que nuestra mente lo interpreta como “si no lo ha hecho es por algo” y cada vez me va a costar más ponerme a ello porque lo voy a ver como más amenazante.

Por eso cada vez nos vamos a creer aun más que hacerlo es una mala idea y por tanto puedo llegar incluso a creer que no voy a ser capaz de hacerlo.

Cuando tengo que hacer algo que me requiere cierta exigencia o que va a ser evaluado, empiezan a aparecer numerosos pensamientos como “es muy difícil”, “no voy a ser capaz de hacerlo”, “y si no le gusta a mi jefe”… Todos estos pensamientos que aparecen para que me esfuerce y pueda desempeñar la tarea se hacen tan reales que me los creo y les hago caso. No realizo la tarea para impedir que se hagan realidad, para impedir que se confirme que no soy capaz de hacerlo o que lo voy a hacer mal. Por eso muchas veces procrastinamos por inseguridades, baja autoestima, ansiedad, baja estado de ánimo, etc.

Tendemos a creer que al procrastinar me voy a sentir mejor, porque no voy a sentir todas esas emociones y pensamientos tan incómodos (si no lo hago, no me siento inseguro).

Sin embrago, ocurre justamente lo contrario. Al intentar evitar emociones que para mi son incómodas, lo único que consigo es no resolverlas. Al no realizar la tarea no puedo demostrarme a mi mismo que era capaz de hacerlo y ese sentimiento de inutilidad e inseguridad del que huyo se confirma. Esa inseguridad aumenta y cada vez la voy a sentir más y me voy a ver menos capaz de enfrentarme.

Cómo no procrastinar:

No es una cuestión de ser más productivo ni de organizarme mejor. Tampoco es una cuestión de no pensar de forma negativa, sino de aprender a manejar mis emociones de una forma más funcional.

Para ello;

  1. Tengo que identificar cuales son las emociones,
  2. Después aprender a gestionarlas.

En terapia aprendemos a identificar estas emociones que nos incomodan tanto y nos llevan a procrastinar.

Entender la raíz de la procrastinación (miedo a fracasar, a una evaluación negativa, a sentirme inútil…) es fundamental para aprender a no creerme lo que me dice mi mente y gestionarlas de una forma más óptima que me permita enfrentarme a la tarea sin tener que recurrir a numerosas excusas con las que evitar ponerme a ello y procrastinar.

Podemos empezar poniendo en práctica estos consejo:

  1. Identifica qué cosas procrastinas.
  2. Se consciente de lo que te dice tu mente en el momento de ponerte con la tarea (“no voy a saber hacerlo”).
  3. Evalúa cuánto de realidad (hechos reales/garantías) hay en todo lo que te dice tu mente (“no voy a saber hacerlo” 🡪 “pero he llegado a donde estoy por algo”).
  4. Organiza tu agenda y encuentra un momento para hacerlo y una recompensa (“el lunes puedo hacerlo a medio día y luego me voy a tomar algo al terminar”).
  5. Hazlo en ese tiempo que has acotado (sin excepciones ni excusas) y demuéstrate a ti mismo que no se cumple lo que te decía tu mente.

Procrastinar es una forma más de evitar enfrentarme a aquellas cosas que me producen malestar.

Sin embargo siempre vamos a estar rodeados de estímulos que nos hagan sentir emociones incómodas y por eso es tan importante aprender a gestionarlas.

Cuando la procrastinación se apodera de mi, también lo hace de mi vida

(pospongo trabajo, planes con amigos, tiempo con mi pareja…) por eso quizás sea un buen momento para pedir ayuda.

Por supuesto, en Psicontigo estamos a tu disposición para ayudarte en este camino.