El miedo a hablar en público es una emoción muy frecuente: se sienten nervios, y ésto condiciona significativamente, generando un elevado grado de malestar y frustración.

Para comprender el miedo a hablar en público hay que tener en cuenta, en primer lugar, el significado biológico del miedo, que no es otro que alertarnos sobre una situación u objeto que percibimos como amenazante para nuestra integridad física o psicológica, y todo nuestro sistema nervioso pasa a funcionar a «modo alerta».

Precisamente por su carácter defensivo, el miedo desencadena una respuesta fisiológica bastante incómoda. Algunas de estas señales fisiológicas son: sudoración, voz temblorosa, dificultades para respirar, temblor en las extremidades, sensación de calor, enrojecimiento, aumento de la tasa cardíaca o pérdida de concentración.

Por este motivo a veces nos resulta más sencillo evitar la situación temida. Este tipo de estrategias nos protegen a corto plazo de las sensaciones incómodas que el miedo genera, pero a largo plazo incrementan el miedo, confirmando las creencias de incapacidad.

Cuando se actúa bajo la influencia de una emoción fuerte SE TIENDE a: cambiar la voz, la expresión facial o la postura. Si sentimos miedo a hablar frente a un público, podemos tender a aumentar la respiración, hablar deprisa, estar inquieto…

Pero las emociones NO controlan nuestro comportamiento: puedes sentirte muy nervioso, pero actuar con tranquilidad. Tal vez tengamos tendencia a hablar deprisa, pero podemos decidir hablar despacio y con calma. NO podemos controlar los sentimientos, pero SI podemos controlar directamente los actos.

Se trata más de aceptar el miedo como parte necesaria de la vida, como señal que está indicando nuestros límites y necesidades en un momento dado, que de concebirlo como un enemigo al que eliminar.

Qué hacer para superar la fobia a hablar en público

  1. La preparación: hay que ser previsor y dedicar un tiempo a la preparación para incrementar así la confianza en nosotros mismos. La improvisación no suele ser una buena idea. Generalmente dedicamos la mayor parte de los esfuerzos a preparar el contenido, a estructurarlo y retenerlo en la mente, dejando de lado “cómo” se quiere interactuar con el público. Por tanto, al preparar la presentación es importante tener en cuenta: ¿qué sabe el público sobre este tema?, ¿qué ejemplos podría ayudarles a entenderme y a interesarse por él?, ¿qué dudas les pueden ir surgiendo?
  2. Ensaya frente al espejo y visualízate haciendo la charla.
  3. Nervios durante la presentación: cuando nos ponemos nerviosos es porque solemos anticipar pensamientos negativos acerca de la presentación, así que, vamos a identificar qué estamos pensando y qué podemos hacer. Responder a las preguntas: ¿cuál es mi problema?, ¿qué puedo hacer?, y ¿cómo lo voy a hacer?
  4. Mente y cuerpo en el momento presente: en el momento en que nos sentimos presos de los nervios, nuestra mente ha abandonado el momento presente, estamos prestando atención a las sensaciones que recorren nuestro cuerpo y a todos los pensamientos desagradables. Tenemos que mantener la mente en el mismo lugar en que se encuentre nuestro cuerpo.
  5. Mirada: al exponer en público constituimos el punto de referencia para el grupo, lo que puede resultar desbordante desde el punto de vista emocional. A veces nos asustamos al ver tantos ojos clavados en nosotros y optamos por retirar la mirada para protegernos. Pero este tipo de estrategias solo nos alejan corporal y emocionalmente del público.
  6. Ritmo: obligarnos a respirar larga, lenta y suavemente, y a hablar más lento de lo normal.
  7. Practica: todas las habilidades se aprenden repitiendo una y otra vez.

Un examen, la presentación de un proyecto, realizar una ponencia o cualquier acto que implique hablar en público puede provocar nervios, incluso en personas con mucha experiencia. A hablar en público se aprende sobre todo haciéndolo, por eso, cada vez que tenemos que hacerlo, es una oportunidad para mejorar.

Recuerda: Nada cambiará si no cambias nada, por lo que debemos cambiar LA FORMA EN LA QUE NOS RELACIONAMOS CON ESOS NERVIOS.